Ayer me preguntaron cómo me veía en 5 años, claro que no respondí porque no valía la pena compartirlo con esa persona, así que me limité a decir: no hay nada en 5 años que no pueda tener hoy.
PENSÉ, si realmente creo esto debo tener claro qué es lo que quiero hoy y sinceramente me di cuenta que pedía solo generalidades como ser feliz y exitosa, vivir con abundancia, trabajar pocas horas con una excelente paga, tener un próspero negocio propio, desarrollar mis dones, mantener una buena salud… pero que nada concreto me animo a decretar para mi vida.
DESCUBRÍ que esta incapacidad para trazar un plan claro de vida viene -como muchas otras cosas- de la infancia.
ACEPTÉ que ya no soy esa niña que creyó que era mejor no tener ilusiones, ni trazar metas, que aprendió a no creer en las promesas, que la confianza es algo que nunca podría realmente sentir ni brindar, que es inútil soñar con algo mejor ya que el mañana es inseguro y el hoy tan inestable. Ya no soy esa que sabía con seguridad que al igual como cambia el viento de dirección sin consultar a quienes sólo son víctimas de su corriente, cambiaría mi vida y con ello todo lo que comenzaba a construir.
RECONOCÍ que este aprendizaje debe quedar atrás.
DECRETÉ ser una mujer que merece hacer planes y confiar en que tengo un hoy y un mañana para conseguirlos.
DECIDÍ que no hay viento que no pueda usar a mi favor.
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